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Conocí a mi marido cuando solo contaba con 12 añitos y el 15; éramos del mismo grupo o pandilla del barrio. Yo era la típica niña callada y tímida y él, el guaperillas rubio de melena que traía loca a todas las chicas del barrio, siempre lo miraba con admiración y aunque él, a veces me devolvía esas miradas, pasaba un poco de mi. Pasados unos meses note que me observaba y eso me ponía nerviosa. Ya hablaba más conmigo, no era tan indiferente a sus ojos. Él empiezó en el instituto y apareció una tarde con su “novia“. En ese momento quise que me tragase la tierra. Me alejé. Fui teniendo cada día menos contacto con ese grupo de amigos porque me dolía (aún siendo tan pequeña) verlo tan bien acompañado.

Pasaron los años, le perdí la pista, no volvimos a vernos… Un día de camino a mi trabajo me lo encuentro paseando a un perrito. Nos cruzamos, nos miramos y nos ignoramos. Me cuentan amigos en común, que ha vuelto a Ceuta, y que está destinado aquí como policía nacional y que ha vuelto casado. En ese momento yo llevo 2 años divorciada y sigo con mi vida como buenamente puedo. Me casé muy joven con un hombre que no supo quererme ni valorarme.

A partir de ese momento nos vamos encontrando por la calle. Cada vez que lo veo me da un vuelco el corazón, pero apunto mi vista hacia otro lado porque es un hombre casado. Pena sentía al ni tan siquiera saludarnos. Pensaba que su vida era plena, hasta que un día, trabajando en un local de copas (necesitaba dos trabajos para poder vivir) se acerca a la barra y me pide un par de chupitos; como ya casi era la hora de cerrar, se los pongo sin cobrarle y sigo con lo mío. Él se acerca y me pregunta cuanto me debe, a lo que le respondo: ¡las gracias, Antonio! Y me doy la vuelta. Él me sigue y me pregunta que cómo es que aún me acuerdo de su nombre sorprendido, y yo le sonrió pero sigo con mi trabajo porque para mí era un hombre casado y lo respeto.

Al día siguiente recibo un mensaje de él. Me dice que le ha alegrado verme y que recordara su nombre, bla, bla, bla… mensaje al que no respondo porque va contra mis principios. A las dos semanas, me encuentro con su hermana y al preguntar cómo llevaba su divorcio con dos niñas, me dice que mucho mejor gracias a la ayuda de su hermano, que se ha divorciado y está viviendo ahora con ella. Te puedes imaginar mi cara,¡¡ mis ojos como platos!!.  Su hermana al ver mi cara me dice: Noelia,¡¡ se te han iluminado los ojos!! ¡¡No me puedo creer que aún sigas sintiendo algo por mi hermano!!. Le cuento lo de la barra del pub donde trabajo, que me escribió al día siguiente y que yo lo ignore. Ella me dice que se atrevió a hablarme porque ya estaba separado (mientras estuvo casado fue muy correcto) y que me animase a responderle.

Me armo de valor y le escribo. Me responde enseguida y me propone quedar esa misma noche para tomar unas cervecitas. Cuando lo vi llegar me temblaban las piernas a mis 33 años. Seguía siendo el chico rubio y guapísimo por el que suspiraba de niña. Las cervezas se alargaron y terminamos en un karaoke y como yo canto flamenco, me atreví y me arranqué por colombianas. Él se quedó con la boca abierta porque su padre cantaba lo mismo que yo y no se lo imaginaba. Nos despedimos con un: he estado muy a gusto, sigues siendo la misma Noelia tímida de siempre… y quedamos en volver a vernos.

Cuál fue mi sorpresa que al día siguiente se presenta en mi trabajo con una rosa en la mano y su mejor sonrisa. ¡Mi cara era un tomate! Me entregó la rosa y me dijo, que le había robado el corazón, que era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida. Eso fue un día 5 y un día 25, sólo 20 días después, se arrodilló con un anillo y me preguntó si quería casarme con él. Mi respuesta era evidente, no lo dude un segundo.

Ahora estamos felizmente casados,  a puntito de celebrar nuestro primer aniversario y buscando un bebé.

Casualidades del destino… ¡no lo sé! Tuvimos que encontrarnos 21 años después y divorciados los dos. Estaba escrito en las estrellas.

Soy la mujer más feliz y afortunada del mundo y doy gracias cada día por tenerlo a mi lado. Volvería a pasar mil veces más por todo lo que me tocó vivir si me dicen que mi final era este. 
Un abrazo desde el norte de África.
Noelia & Antonio ❤️