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Maite nos cuenta su historia de amor. Una historia surgida gracias a una app para conocer parejas.

Me llamo Maite. Yo era una chica asidua a una app de esas de buscar pareja y ya estaba cansada de que todos o la mayoría de chicos fueran buscando lo mismo, acostarse con una chica y luego si te he visto no me acuerdo. El día que pensaba cerrar la pagina apareció un chico que era todo lo contrario a mi en cuanto a gustos e ideas, y no se porqué, de estas veces que te guías por impulsos y dices “bueno total no pierdo nada”, decidí escribirle puesto que en esa pagina en la que yo estaba, éramos las chicas las que decidíamos con quien hablar.

Nos escribimos un par de mensajes por la pagina presentándonos y hablando de cosas bastante normales, triviales, conversaciones para romper el hielo y poco a poco nuestras conversaciones se hacían más largas, más continuas. Un día a la semana de comenzar a hablar, él me dijo si le podía dejar mi numero de teléfono que para él por su trabajo, era mucho más sencillo hablar por WhatsApp que por la app. Yo pensaba que sería como todas las demás veces, no confiaba ya en nada, ya que no soy una super modelo ni una super chica y dije: “veras cuando vea el físico, se echara para atrás…”. Yo en mi fuero interno decía: ” jolin este chico tiene algo que me engancha”. En ese momento en que le deje mi numero de teléfono me escribió y me sorprendió gratamente, la verdad. Se preocupaba por cómo me iba el día por mis cosas, mis problemas. Poco a poco nos fuimos gustando y a los pocos días de comenzar a hablar por WhatsApp decidí mandarle un par de fotos mías. Esas fotos les resultaron agradables y me dijo que él con la edad que tenia, no quería algo para un rato. Buscaba conocer a alguien especial y que yo le estaba haciendo sentir cosas nuevas. Eso en parte, aunque me alegraba saberlo, me asustó. Tenia mucho miedo a sufrir (supongo que como todo el mundo). Esa tarde decidió llamarme y sin darnos cuentas entre risas y tonterías hablamos de todo. Me contó muchas cosas sobre  su vida y que el tenia tres hijos y que no sabia como me lo podía tomar yo y que si para mi era un problema.  Yo obviamente, aunque asustada, no me eche para atrás. Quería descubrir dónde me podía llevar esa persona y decidí seguir hablando con él…y así unas 3 horas y media .Cuando colgamos yo me quede con esa sensación de haber echo las cosas bien, de dejar mis miedos a un lado y comenzar a disfrutar de algo.

Esas llamadas se convirtieron en algo diario por ambas partes. De ahí pasamos a darnos los buenos días, las buenas noches todos los días y un mes después, decidimos que teníamos que vernos, cosa que era bastante fácil porque solo estábamos a 37 km de distancia 

El día que nos conocimos en persona (26 de junio del 2016)

Me pasé todo el día super nerviosa. No sabia que ponerme, si todo iba a ser como lo habíamos imaginado. En nuestras conversaciones siempre lo hablábamos imaginando como seria. Quedamos en que tomaríamos algo. Pasó a recogerme y al verlo me sonrió y no se que me hizo esa sonrisa que no pude desprenderme de ella. Me dio un abrazo y no se que nos pasó pero acabamos dándonos un beso, algo que hablamos que no sabíamos si seria bueno o no.

Fuimos a tomar algo y ni adrede, nos encontramos con unos familiares míos (mis sobrinos y mi hermano). Al ver como se llevaba con ellos, como los trataba, no se creo que en ese instante, después de ese beso inesperado y todo lo que nos había dado el tiempo para hablar, me enamore de él. Yo no podía dejar de sonreír como una idiota.

Después de tomar algo decidimos ir a cenar. Él quería que conociera a sus hijas y no pude decir que no, así que cenamos con ellas. Todo salió super bien, todo era tan sencillo que no podía dejar de pensar que eso fuera un sueño. A la hora de despedirnos él me preguntó que quería hacer y mi cabeza me decía una cosa y mi corazón me decía otra. Mi cabeza me andaba a casa y mi corazón a quedarme con él acurrucada en sus brazos. Me dejé guiar por mi corazón lo que nos llevó a estar toda la noche en el sofá tumbados, hablando, contándonos cosas, sonriendo como tontos con besos furtivos y risas sin parar.

Al día siguiente, cuando volví a mi casa, tuve una sensación de vacío enrome y me dio el bajonazo. Pensé que ya no volveríamos a vernos, que esas cosas no nos pasan a las chicas. Pues no, para mi alegría no fue así. Él tenia una boda pero a pesar de todo, dentro de lo que es una boda, él sacó tiempo para mi, para escribirme, mandarme fotos, que viera como lo estaba pasando. Él, por así decirlo, quería hacerme participe de todo aunque yo no estuviera allí.

Al día siguiente, domingo, decidí que quería volver a verlo pero él me llamó. Tenía las mismas ganas que yo en que nos viéramos, así que fui a su casa. Estuvimos muchas horas abrazados, hablando, riendo, incluso cocine para él. Me sentí en mi casa. Él era mi casa por así decirlo, mi hogar. Esos brazos de los que no me quería separar por nada del mundo. Y así poco a poco fuimos acoplando nuestras vidas el uno al otro, conociendo amigos y familias.

A día de hoy, estamos preparando la boda para dentro de dos años.